Análisis “Si tuviese que enseñarles arquitectura” (Le Corbusier)
Cuando Le Corbusier plantea “la arquitectura es espacio ancho, profundidad y altura, volumen y circulación” ¿cómo piensa la arquitectura?
“Pero la arquitectura es espacio ancho, profundidad, altura, volumen y circulación. La arquitectura es una concepción de la mente. Debe ser concebida en su cabeza con los ojos cerrados. Sólo en esa forma puede visualizar su proyecto.” (p.69). Completé la cita para comenzar a responder al interrogante en cuestión. ¿Cómo piensa la arquitectura este maestro de la misma? Para Le Corbusier, la arquitectura transforma ese espacio ancho, profundo, alto, en ámbitos por los que circularemos, en la existencia cotidiana, en “máquinas de vivir”. “Se le debe dar a la arquitectura la oportunidad necesaria para poder experimentar prácticamente.” (p.62). Experimentar, transformar, buscar la magia en todo ello; eso mueve, el cómo se hace esto, o lo otro; el por qué es así, y no de otra manera; y cómo se puede transformar para visualizar las variables. El transformar la forma, como modo de aprendizaje; dentro del cual aprender a discernir, a discriminar, a elegir, a inventar cosas completamente nuevas, a raíz de lo ya establecido y conocido. Ahí radica el poder transformar en arquitectura, el hacer de ese espacio, un espacio distinto, que a su vez, es otro espacio. Sobrecoge la sola idea, de que desde la mera posición de la puerta de la cocina, hasta la vista exterior en perspectiva de un palacio basado en los órdenes tradicionales, sean concebidos por el arquitecto, fecundados por su imaginación, y concretados por sus conocimientos. Considera a la vivienda como el elemento principal dentro del orden social y urbano. La arquitectura es la síntesis del trabajo, tanto interior (que corresponde de alguna manera a la conciencia) como exterior (que alude a la técnica, reacción del hombre al contactar con su ambiente). Explica que todo hecho arquitectónico tiene la intención de modificar el entorno y que tal impacto debe ser calculado a priori; de ahí, que parte del mensaje se relacione con sus apreciaciones respecto a la incidencia sobre el proyecto y el hecho arquitectónico por causa del clima, el sitio -que representa el escenario de la obra-, la escala, así como sobre las percepciones y sensaciones que se logren a través del recorrido y circulación del hecho arquitectónico. “Diga, por todos los medios, que las casas son para vivir dentro, pero será un buen arquitecto cuando las fachadas sean expresión de ello. La proporción es suficiente, pero también necesita bastante imaginación; además, cuando más modesto sea su problema, más imaginación le hará falta.” (p.69). Pensar como decía, que en la fachada, simplemente, se podría ya encontrar (o no) algún tipo de sensación; siendo la “cara visible” de alguna manera, y repercutiendo en el observador a la hora de imaginarse si detrás de la misma, se aloja una casa para vivir. De eso se trata también, de generar esas sensaciones que al final, forman parte del todo, que es lo que impulsa a moverse, a desatarse, y a volar un poco.
Recomienda volver los ojos al pasado, si de esa mirada se recuperan reglas como la proporción, técnicas tradicionales de edificación y rasgos que concedan identidad; sin dejar de lado, esta cuestión de que el mundo evoluciona, y que la arquitectura, así como su enseñanza, deben de estar un paso adelante, acción que ayuda a sobrellevar las necesidades sociales que se presentan a la hora de crear. Eso también, es algo que quizás como estudiante, no se logra ver en el presente; crecen, llegan generaciones nuevas, con más estímulos, con más requerimientos, con más exigencias, las cuales se debe abordar, y a las que hay que enfrentar. “Usted siente que ha descubierto la arquitectura. De paso, le prohíbo trazar un eje en sus planos – los ejes son meramente una fórmula para encandilar el lego” (p.64). Es eso, el no encuadrarse intentando respetar cánones como si todo este arte dependiera de ellos. Este sentir el descubrimiento del que habla, este permitirse, como arquitecto, crear, realizar, estimularse, conocer… despertar curiosidades que generen un inventar y reinventar eterno. Se quiera o no, y como el autor lo recalca, hay reconocer que esto es así, y registrarlo todo, ya que el día de mañana, si bien se podrá seguir tomando (porque también forman la base histórica y fundamental de esta disciplina) los órdenes de la antigüedad, aun así, habrá que recibir lo nuevo para concebir lo distinto, dejarlo entrar en uno, sobreponiéndose a las dudas, para que la otra mirada enriquezca. Y este registrar, como medio para guardar, para releer, para estudiar. Dibujar como medio para presentar algo, para ir registrando diferencias. “Haga dibujos y si se ve algo idiota, tome nota de ello y cuando vuelva pregunte. No se imagine que aprenderá construcciones por medio de las matemáticas. Es un engaño empleado por las academias para dominarle.” (p.66). Registrar para dudar, aprender de esas dudas, de esa desconfianza; anticiparse a la dominación.
“Los maestros de las escuelas están extremadamente preocupados por la curiosidad de sus alumnos, por sus preguntas indiscretas, por su entusiasmo casi irrefrenable.” (p.61). Hablar de curiosidad, o de dudas, es hablar de múltiples formas que se adquieren para una cierta solución. Si bien, Le Corbusier se aboca más a la enseñanza de la arquitectura, se puede decir que de alguna manera está incitando a que se pregunte, a este “ser curioso”, a este indagar constante. La curiosidad, es la base del conocimiento en el niño, es la forma más audaz que tiene el ser humano para comenzar a aprender, sin que le enseñen, sino efectivamente, siendo curioso. Esta cualidad, la tiene instaurada, por ende, el arquitecto, no sólo como tal, sino también como artista, tiene en su esencia la curiosidad (o debería de tenerla). El autor pretende esto, detenerse, para poder aprender, conocer, para dar pie a la investigación, al descubrimiento. Por eso esta palabra elegida, “curiosidad”, porque es una clave para el aprendizaje, desde que el ser humano nace, y tiene noción de sí, empieza un cuestionamiento que durará, si tiene suerte, toda su vida. Inclusive, la elección misma por las artes, por la arquitectura en este caso, es una curiosidad que nació por algo, y que impulsa a un seguir buscando. Ahí radica el conocimiento. “…hay varias soluciones y cada cual da una sensación arquitectónica diferente. Ya ve – esas diferencias de solución son la base misma de la arquitectura.” (p.64). Así como la base de todo, en sí. Dudar, encontrar diferencias, desconfiar, preguntarse, entender esa base arquitectónica, no sólo como una base fundamentada en libros de arte o en arquitectos clásicos y técnicos constructivos; sino, poder tomar todo eso, y empezar a fundamentarla uno mismo. A armar la fundamentación propia de lo que se crea o de lo que se quiere crear en arquitectura, incluso, de la significación que cada ser le da.
Espacio ancho, volumen, profundidad, altura, todas magnitudes que utilizamos constantemente para visualizar las tres dimensiones; invitan a idear cuestiones, a mezclar la funcionalidad, comodidad, la estética, hacer de una obra arquitectónica, un arte. Implican que nos atengamos a límites estipulados, pero a la vez, que dentro de las posibilidades estructurales, podamos ser libres en la creación. “Plantéese el problema de una sala de estar con sus puertas y ventanas. Disponga los muebles necesarios en forma conveniente. Este es otro problema de circulación ¡y de sentido común y unas cuantas cosas más! Pregúntese si su habitación sirve de este modo para un propósito determinado.” (p.67). Y si hablamos de circulación, no podemos olvidar, el vínculo que el autor establece, entre la arquitectura y el urbanismo; debe entendérselo como un dúo indisoluble. La circulación, como carácter fundamental a la hora de organizar, tanto la ciudad, con sus características urbanas, como sus casas, su núcleo, su refugio, donde habrá que instaurar también, un sistema de circulaciones que permitan la comodidad y el goce a la hora de manejarse y vivir dentro de ellas. “Y ahora, amigo mío, le ruego abra bien sus ojos. ¿Mantiene usted sus ojos abiertos? ¿Ha sido entrenado a abrir los ojos? ¿Los mantiene abiertos continuamente y útilmente? ¿Qué es lo que mira cuando va de paseo?” (p.68). Realmente, ¿se observa todo? Se detiene uno en cada detalle? ¿Se sabe cuáles son los detalles? ¿Son los mismos para todos los estudiantes y arquitectos? ¿O cada uno ve un detalle diferente? Atender, mantenerse atento, saber dónde mirar, dónde detenerse… eso llena, eso genera placer, el encontrar ahí en la inmensidad, lo chiquito, y viceversa. Y poder a su vez, distinguirlo, clasificarlo, embellecerlo. Ese gozar de lo que se está descubriendo en la arquitectura, y con la arquitectura. Y finalmente, el autor, afirma que la arquitectura es organización; y que nosotros, futuros arquitectos, no seremos estilistas, seremos organizadores. De alguna manera, está aclarando la diferencia, asentando esta cuestión de que la actividad del arquitecto, no se trata de estilismos, ni de acciones puramente estéticas y superficiales; sino que ello sólo es una parte, siendo que éste, se centra en la organización, en la estructuración, en el armar y desarmar, y diagramar y acomodar. La arquitectura busca rellenar los espacios, sin que dejen de ser vacíos.
Le Corbusier (1930) Mensaje a los Estudiantes de Arquitectura. Buenos Aires: Ediciones Infinito.
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Análisis de textos. Facultad de Arquitectura.
Emilia Sánchez Meneghini
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