Análisis del artículo de Le Corbusier. “Mensaje a los estudiantes”
“La arquitectura es una concepción de la mente. Debe ser concebida en su cabeza con los ojos cerrados. Solo en esa forma puede visualizar su proyecto.” (p. 68) Arte de la construcción, de innovación, de creación. Arte de poder fusionar organización, estética, razón. La arquitectura como forma de organización. Como estructura básica para el refugio básico de la vida: la casa. “Recuerde que una casa es una máquina para vivir y una oficina o una fábrica es una máquina para trabajar.” (p. 65) Pensada como una máquina, es expuesta como el elemento primordial en la teoría arquitectónica de este autor. La arquitectura como actividad de quien la practica, como tarea de experimentación continua, de evolución constante.
Para Le Corbusier, la Arquitectura es el arte de construir a través de la técnica, la práctica, la razón, la conciencia; tomando como elemento principal a la casa, la vivienda, el hogar, dentro del núcleo social y del orden urbano; es la unidad básica de todo ser humano que pretende resguardarse, refugiarse ante el mundo exterior y la naturaleza; como así también, el formar parte de la sociedad y a su vez, el aislarse de la misma, dentro de la vivienda, tomándola como espacio de interés privado, en el cual vivir a gusto propio, sin atenerse exclusivamente a las exigencias sociales establecidas en el espacio colectivo, en el exterior; el establecer una intimidad dentro de la misma, la intimidad del ser, el abstraerse, el hacer de ese espacio privado, un mundo individual, ya sea compartido con la familia, o no; el poder representar mediante la arquitectura, un espacio de confort, un espacio estéticamente apropiado para su usuario, y cómodo en su circulación y para su uso.
“Diga, por todos los medios, que las casas son para vivir dentro, pero será un buen arquitecto cuando las fachadas sean expresión de ello. La proporción es suficiente, pero también necesita bastante imaginación; además, cuánto más modesto sea su problema más imaginación le hará falta.” (p. 69). El autor también refuerza la idea de sintetizar el trabajo, tanto interior como exterior; forma en la cual se establece una analogía importante a la hora de definir a la arquitectura en tanto ciencia que crea espacios, y los delimita, estableciendo adentros y afueras, espacios abiertos y espacios cerrados; al hablar de interioridad, se hace de la conciencia, la misma que da una razón para vivir, el encontrar en esa interioridad un motivo, allí adentro del hogar, en su interior, se siente el ser con ánimos de vivir, de habitar ese espacio; es una toma de conciencia, una acción completamente inconsciente, que hace consiente el placer de habitar ese espacio interior, y al mismo tiempo, la acción de apropiarse de él, internalizarlo; mientras que el trabajo externo, la exterioridad, corresponde a la técnica, a la acción de hacer, de crear, de modificar el mundo exterior, mediante esa arquitectura, dice que es una respuesta del hombre al contacto con su ambiente, el hombre responde a esa naturaleza en la que se encuentra inserto. Es entonces, hablando más sencillamente, un apropiarse de ese interior para habitarlo, y un apropiarse de ese exterior para modificarlo, o bien para recrearlo. Se trata de una cuestión de racionalidad y de imaginación. “Usted tiene razón, hay varias soluciones y cada cual da una sensación arquitectónica diferente. Ya ve – esas diferencias de solución son la base misma de la arquitectura.” (p. 64) Y sí, es el innovar con lo que se presente; poder encontrar múltiples soluciones al planteo arquitectónico, al planteo habitacional; tomar a la arquitectura como forma de ensayo y error, como forma de pruebas; el probar colores, texturas, estructuras, ingresos, posiciones de aberturas, alturas, distribuciones, tiene que tener muchísimas opciones, pues ello hace a la arquitectura; aprender a discernir entre tantas opciones. Explica también que arquitectura implica un modificar el entorno, buscando y tratando de encontrar la mejor forma de hacerlo y que tal acción debe ser calculada previamente, debe ser ideada; esto quiere decir que la arquitectura también es estudio del entorno, en su sentido más amplio. “Aquí hay una plaza en la ciudad con varias calles que se encuentran. Busque cómo se cruza el tráfico. Trate de pensar en cada tipo de plaza y piense cuál es la mejor para la circulación.” (p. 67). Hay que estar atento al clima, a las variaciones de temperatura, a los posibles movimientos del suelo en ese lugar, la flora, los ríos, como también las percepciones acerca de su ubicación dentro de la ciudad, la escala, los alrededores, las direcciones de las calles, las diagonales, los bulevares. Recomienda volver los ojos al pasado si de esa mirada se recuperan reglas como la proporción, técnicas tradicionales de edificación y rasgos que concedan a la obra identidad. Volver a pensar en los modos artísticos y arquitectónicos que precedieron a los arquitectos actuales, mirar hacia atrás, y no para copiar o imitar, sino para entender a la arquitectura, para aplicarla bajo otros conceptos, y ampliar la mirada que se obtiene en su estudio.
También, toma como fundamento de la tarea arquitectónica, al hecho de que el aprenderla, consiste en varias cuestiones a tener en cuenta, entre las cuales se encuentra por ejemplo, el recolectar herramientas saliendo, mirando cómo se hace un hormigón, las distintas posibilidades que tenemos para crear, para ubicar aberturas, etc. Este punto crucial a la hora de convertirse en arquitecto, el instalarse en el seno de la obra, el aprender desde la base misma del proyecto, en la experimentación de la multiplicidad de opciones a la hora de empezar a construir. El hacer trabajos de campo, el verse frente a la situación de saber cómo actuar frente a la improvisación de ubicar una columna, o mover una viga. También se basa en el aprender a expresarse a través del dibujo; algo en lo que pone mucho énfasis este autor, en el registro, en el hecho de que como arquitecto hay que expresarse a través del dibujo; como forma de escritura clara, concisa, explicativa, universal, de fácil entendimiento, y con un abanico infinito de posibilidades de creación. “Haga dibujos y si ve algo idiota, tome nota de ello y cuando vuelva pregunte. No se imagine que aprenderá construcciones por medio de las matemáticas.” (p. 66)
La arquitectura también es una ciencia que debe atenerse a la exigencia cultural, artística y social que imperan en cada época. Se tiene que estar atento a las demandas, pues, como dice Le Corbusier hay que anticiparse. Porque Arquitectura no sólo es pasado, también se conforma de presente y de futuro, también requiere de ideas nuevas, que al fusionarse con las antiguas, recreen formas y den matices a las manifestaciones artísticas más comunes y globales. ¿Para quién son proyectadas las ciudades del futuro? ¿Para aquellos que morirán pronto, con sus costumbres ancladas en el fondeo de sus estómagos, o para aquellos que aún no han nacido? (p. 62). La arquitectura es un arte de innovación constante, y como el autor lo exige en su texto, desde el comienzo de sus estudios debería de practicarse este estar atento, y archivar todo lo que aparezca. La arquitectura es llevar a la práctica todo lo que se ocurra, tener un metro, medir todo. Hay que ser objetivo, pensar por uno mismo y para el resto. Vivirlo. Articularlo, planearlo, organizarlo. Criticarlo, investigarlo. Si se pide un hospital, hay que interiorizarlo, para quién, para cuántas personas, con cuantas habitaciones con cuantos baños, ser crítico.
Cuando habla de lo intelectual. Está como adelantado. La cuestión de las proporciones, el aprender a escribir con el dibujo, tiene que ser una escritura rápida, donde utilizar números, matemática. La arquitectura tomada como, expresión propia del ser, bajo la necesidad de buscar soluciones funcionales a inquietudes de edificación, insertando la obra en un espacio, pudiendo estar éste edificado, como no. La imaginación a la hora de crear una fachada que diga algo, que incite a ingresar a descubrir su interior, tenga éste el fin que sea; de eso se trata también, de decir exteriormente lo que se quiere que se interprete. Le Corbusier, marca fuerte la idea de conocer, de indagar la arquitectura como ciencia del arte, ciencia de la construcción, del habitar; el no quedarse con dudas, con datos inconclusos. La noción de espacio, conectada inevitablemente con la concepción de arquitectura, ya que implica un estar situado, percibiéndolo todo; esta percepción intelectual que fusiona un pensar y sentir ese lugar (para lo que necesariamente hay que estar en él). "Enfatizaría en el hecho de que la nobleza, la pureza, la percepción intelectual, la belleza plástica, y la eterna cualidad de la proporción, son los goces fundamentales de la arquitectura que pueden ser entendidos por cualquiera." (p. 63). Al pensar en la arquitectura, se tiende a creer que una de sus bases es la geometría, y las matemáticas; pues se está equivocado. El autor aclara perfectamente, que estas temáticas son sólo herramientas dentro del concepto y formación de la arquitectura como disciplina; ambas, herramientas de control, que refuerzan a la proporción, característica importante y hasta esencial a la hora de explicar la arquitectura; al hablar de belleza, al poder captarla, ser capaz de reconocerla, se está en condiciones, a su vez, de generarla; pues bien, la base de esta belleza práctica, y posible para el artista, el punto nodal y fundamental de la misma, es la proporción. "La proporción es suficiente, pero también necesita bastante imaginación; además, cuanto más modesto sea su problema más imaginación le hará falta." (p. 69). La arquitectura también es el detalle, es el minúsculo, lo más insignificante. En la arquitectura se sitúan las formas de arte más diversas, como también confluyen muchas ciencias que la conforman. La arquitectura es el alrededor, hecho obra. Es el entorno transformado, artísticamente, para un determinado fin. La arquitectura es crear refugios que buscarán ser obras de arte.
Le Corbusier (1930) Mensaje a los Estudiantes de Arquitectura. Buenos Aires: Ediciones Infinito.
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Análisis de textos. Facultad de Arquitectura.
Emilia Sánchez Meneghini
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