ANDAR LIVIANE

 Situaciones de película, que consideramos ajenas; situaciones en las que creemos que nunca nos vamos a encontrar. Incógnitas que aparecen, y que, no tienen resolución alguna (¿o sí?). ¿Cuántas veces en la vida, tuviste que ponerte en el lugar de pensar en un montón de circunstancias y realidades, al mismo tiempo? De pensarlos, desde un lugar de cuidado, desde un lugar de resguardo, de temor. Como así también, de pensarte, y colocarte, en un lugar de emociones mezcladas, y tan contradictorias, como ser el miedo, el deseo, las preguntas, la soledad, el amor, el derecho a, lo perjudicial para, no sé.. el sentir.. mil y un cosas, pero sentir.. palabra que engloba tanto, y a la vez tan poco, como.. ese simple acto. Siempre escribo sobre el sentir. Siempre lo analizo, aunque ello implique autoanalizarme, siempre.

 Considero que, aunque doloroso a veces, aunque difícil, aunque rebuscado, es lo más genuino que tenemos: SENTIR. Y cuando hablo de sentir, no me refiero al "pensar que sentimos tal o cual cosa", o al intuir que "nos pasa tal o cual otra".. no. Cuando hablo de sentir, me refiero a tanto más que eso. Quienes sentimos todo, en todo momento, a toda hora, sabemos muy bien que el sentir, no sólo radica en el concepto romántico y banal del sentimiento (que en sí, los sentimientos ya de por sí, incluso conceptualmente, tienen una carga racional que de una u otra manera los condiciona); el sentir, radica en el dejarse llevar por estímulos, por pequeñas sensaciones químicas, psíquicas, es física pura! Implica un "dejar de estar alerta" (inconscientemente) y sólo sentir todo lo que nos atraviesa el cuerpo, sin preguntárnoslo.. así, sin más. Como el vientito en la cara, o el roce de una yema por la espalda. Todo lo que atraviesa el cuerpo, digo, porque al final, las neuronas, el trabajo de sinapsis, las hormonas, y todo este aparato que se ve manipulado por nuestro cerebro, se ve despojado de condicionamientos externos, y se deja llevar.. Situando a éste, nuestro cuerpo, y previamente, a nuestra psiquis, en un universo paralelo (dícese de los caminos que nunca se cruzan), completamente despojado de imposibilidades; un universo donde, de alguna manera, todo es posible. Absolutamente posible. Podría quizás, ejemplificarlo, en algún punto "gráficamente" con los sueños, ¿no?. Aunque, los sueños sí tengan una carga de condicionantes externos, y de sensaciones y emociones ya vividas (aunque muchas inconscientes) pero, bueno.. el sueño es un universo (paralelo e inconsciente) en el que sólo estamos nosotres. Los únicos reales, somos nosotres, los dueños de dicho sueño; todo lo demás, es relativo, es posible, o imposible, es abstracto, es irreal, surrealista, y miles de etcéteras, que podríamos describir. Por eso, es que, me gusta ponerlos como ejemplo.. porque tanto en ese sentir, despojados de (todo) como en los sueños, estamos completamente solos. 

 El punto es.. ¿Cómo hacer para que esto no suceda?.. No hay nada que hacer. Es imposible escaparse del sentir. Unos creen tenerlo controlado.. unos creen, que.. manejan sus emociones racionalmente, y que de esa manera todo lo pueden: sí.. perfecto. Te la tomo, hasta el día en que me cuentes que te brotas cada dos por tres, que fumas como un caballo, o que tu vida se desarrolla dentro de un gimnasio (podría poner mil ejemplos); pero luego, vas a coincidir conmigo, en que.. nada de lo que suceda en el ámbito del sentir, puede ser manipulado sin consecuencias. Por esto es que, yo, al menos desde que tengo uso de razón, me permito sentir. Sí.. Sentir, libremente, sin tapujos, sin prejuicios. Sentir con miedo, puff! muchísimo miedo! Pero sentir al fin. Por más que luego ese sentir me lleve a una angustia galopante. Por más que no sepa qué corno hacer con eso que me pasa, que, seguramente tampoco sepa muy bien qué sea. Por más que la vida se acabe al día siguiente, por sentir lo que siento. ¿Seré muy arriesgada? Pues sí, demasiado para este mundo tan racional, tan estructurado, tan manipulado. Tan sucio de recetas para la felicidad, de tiempos acotados de cocción. Pero, es una elección, una forma de vida. Despojada. Relajada. Alterada. Llena de incertidumbres. Llena de certezas también. Una vida que no sabe cómo será vivida, en absoluto. Pero una vida, quien dice, "plena" en cuanto al dejarse llevar por todo lo que mueve. No sé si será la correcta, pero es mi forma. 

 Y es así como aprendí a no callar.. Ya que, al permitirse sentir tanto, uno a veces tiene que aprender a sacar afuera, para poder "racionalizar" un poco eso que oye de uno mismo, e intentar entenderlo (nunca dije que todo lo que sentimos, sea algo claro). Es necesario expresarlo, ponerlo en palabras, manifestarlo en algún lenguaje. Es una manera de hacerlo explícito. De tocarlo. Y es ahí dónde surge la nueva incógnita: ¿Qué hacer con las cosas no dichas? ¿Cómo? ¿Cuándo? ¿Dónde? ¿Por qué? Detenerse y preguntarse. Sí. Porque preguntarse es necesario (aunque peligroso). ¿Por qué le tememos tanto al decir? ¿Al poner en palabras claras lo que sentimos? ¿Será que el decirlo, en voz alta, frente al espejo (sea quien o lo que sea ese espejo) implica un reconocimiento por parte del ser, de lo que este ser siente? ¿Será que el ponerlo en palabras, lo quita de ese lugar implícito, lo lleva a un lugar tangible, y termina por hacerse carne, propia.. del libre ser que pasa a ser más libre, cuando vomita este chorro de sentimientos que, sin sentido alguno, están encerrados dentro de un todo superfluo que nos empuja a un precipicio inventado, por algún sistema relativo, que la sociedad, los vínculos, la historia, nos impone? ¿Será que no queremos/podemos reconocer de forma real y explícita, eso que por alguna u otra razón, nos come partes del cuerpo, nos come deseos, nos reprime.. nos resta vida? Y sí.. Seguramente sea por eso. Ser libre, no implica solamente poder andar solo en bicicleta sin rueditas, ni caminar por la noche en la ciudad, ni gritar a los cuatro vientos nuestra ideología política, ni mucho menos, el poder elegir una carrera universitaria, o el momento en que queremos traer un hije al mundo.. El mayor acto de libertad, considero, en mi humilde experiencia, es para conmigo.. No sólo para conmigo, dentro de este universo de palabras que en su mayoría son inconclusas. Son efímeras y mutantes. No.. Para mí, el mayor acto de libertad, individual y único, es el poder sacar afuera todo lo que oprime.. O lo que crece. Sacar afuera, lo que me reprimo.. Lo que deseo.. O que siento.. A toda hora.. En todo lugar. Y no porque lo demás, no sea una libertad (pues, sí.. Lo es también y no es menos importante).. Pero.. La libertad interior.. La satisfacción, esa que nos quita pesos, nos quita trabas, nos quita sonrisas.. Es lo primero. Es lo que nos ayuda, a vivir mirando a la vida de frente, y no desde un costado. Escondidos. Con temor. Andar liviano por este mundo, no es para cualquiera (aunque debería de serlo).. Andar liviano.. Es andar sueltito, despojado, es andar flotando. Un andar volátil, con mucha levadura, con poca harina, y con tanto aire. 

Andar liviano.. Sí. 

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Emilia Sánchez Meneghini

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